El presidente de la Comisión lanza un guiño a los griegos con la propuesta de avanzar 1.000 millones de los fondos comunitarios para reforzar el crecimiento del país y reducir el paro
Grecia vota hoy la moción de confianza sobre el primer ministro Yorgos Papandreu y en apenas una semana tendrá su prueba de fuego: debe aprobar por lo civil o por lo militar un severo plan de austeridad que incluye miles de despidos de funcionarios, bajada de sueldos y de pensiones y un programa de privatizaciones que prácticamente solo deja en manos del Estado las islas y el Partenón. ¿Y si eso falla? "No hay plan B", ha asegurado el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Si Grecia no aprueba los recortes -con una tensión social creciente en la calle contra esa propuesta?"no hay alternativa", ha afirmado en rueda de prensa.
Ante la interminable crisis fiscal griega y la posibilidad de que Atenas se quede sin fondos para hacer frente a sus compromisos más inmediatos, Barroso se ha sacado de la manga el churchilliano sangre, sudor y lágrimas: "Grecia vive un momento extremadamente crítico, un momento excepcional. Y en un momento excepcional se necesita un coraje excepcional por parte de todos. La responsabilidad en democracia no corresponde sólo al Gobierno. La oposición, especialmente el mayor partido de la oposición, tiene también una parte de responsabilidad. Por ello ha lanzado un nuevo llamamiento muy vehemente para que haya un esfuerzo de consenso nacional en Grecia, para que haya credibilidad en las reformas", ha insistido.
Ese consenso no existe: la oposición pide la cabeza de Papandreu y en pleno incendio fiscal -fue el partido conservador el que engañó con las estadísticas y dejó a Grecia al borde del abismo- la derecha griega promete rebajas impositivas.
Pero es que ni siquiera en la UE las cosas están muy claras respecto a Grecia. Pese a la falta de acuerdo del Eurogrupo y el Ecofín de Luxemburgo, Barroso ha dejado claro lo que todo el mundo infería, pese a que la Unión no ha llegado a ponerlo negro sobre blanco: si Grecia saca adelante el tijeretazo, los socios europeos liberarán el quinto tramo del primer rescate (aprobado en mayo de 2010), de 12.000 millones de euros, y pondrá en marcha un segundo plan que incluye nuevos fondos y sobre todo un mecanismo de reestructuración con el que la banca debe asumir voluntariamente una parte sustancial de la factura. Todo eso, haciendo encaje de bolillos para que las agencias de calificación no consideren default (impago) esa jugada sobre el sector financiero. Fitch, una de las tres grandes agencias y tal vez la que más ha advertido de que cualquier tipo de reestructuración será considerada impago, ha abierto hoy una rendija al optimismo: "Una reestructuración de la deuda pública griega no tiene que suponer automáticamente un default (impago)para los bancos griegos", ha dicho Cristina Torrella, analista de Fitch.
Además del ultimátum, el presidente de la Comisión Durao Barroso ha lanzado un guiño a los griegos: ha anunciado que pedirá a los líderes europeos durante la cumbre que celebran el jueves y el viernes en Bruselas que ofrezcan a Grecia más facilidades para acceder a los 1.000 millones de euros de fondos estructurales europeos que le corresponden de aquí a 2013. Se trata de "mostrar a griegos que hay esperanza, soluciones al final de este camino", ha defendido Barroso. Las facilidades consistirían en adelantar parte de los fondos y prestar "asistencia técnica" a Atenas para que los gaste mejor para mejorar la competitividad y el empleo.
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